viernes, 24 de septiembre de 2021

"Dos sirenas en el mar de libros de Madrid".

Me refiero a la escritora y profesora murciana Idoia Arbillaga, y a la arquitecta sevillana María José Muñoz Spínola (en este caso sirena más bien del Guadalquivir). Las dos estuvieron en la Feria del Libro de El Retiro el sábado pasado. María José me acompañó un rato en mi caseta y más tarde me encontré por el Paseo de Coches a Idoia, junto a Milagros López, una escritora también de Murcia. Ambas se conocieron en la tertulia on line del Gijón cuando invité a Idoia para hablarnos de su magnífico libro de poemas "Creación y vacío", que se inspira en la Cábala. Idoia dijo de María José: "Es una arquitecta amante de las Humanidades que escribe mejor que muchos autores reputados. Es una mente brillante y un encanto de persona". Por mi parte, de la obra de Idoia escribí en su momento que determinados acontecimientos en su vida le llevaron a estudiar el mundo sefardí, y así se apercibió de que los españoles poseemos el doble de genes judíos que de árabes, aunque la gente piense lo contrario. Ya en la introducción de su libro el profesor Fernández Vallina dice del texto que se acerca a lo inefable y ambiciona una dicción singular en sus intersecciones expresivas. La meditación aporta las claves sobre la voluntad creadora a través de cinco libros que despliegan en sus breves poemas imágenes cuajadas de simbología, evocaciones de la memoria y pensamientos que asumen la materia conceptual de la Cábala, moldeada desde la incertidumbre y la extrañeza.

Los 5 libros son:
 
- La gran creación: universo y poesía.
- La creación humana: Nákel, la gran concepción.
- La creación artificial: la ciudad y sus perfiles.
- La creación de la muerte: Guilgul, el hombre del mar.
- La creación desde dentro.
 
Vamos desde el útero donde se entremezclan la percepción onírica y la realidad (el entorno donde todo empieza y alumbra la ausencia como centro esencial de la palabra), pasando por la génesis de una presencia nominal, Nákel, que es una crepitación interior (como el misterio que une la muerte con la vida) hasta que se abre la ciudad como contexto asimétrico que unifica el centro y los suburbios. Es el momento del amor, como en el poema "Vertical en la intemperie", o la evocación de algunos lugares geográficos concretos de Toledo, marco de la memoria donde resuenan las voces desaparecidas. El término "guilgul" alude en el cuarto libro al balanceo transmigratorio de las almas y al concepto de reencarnación. De esta forma acaba el poema X: "El hielo de la verdad ha mojado tus ganas / y extiendes tu fulgor sobre las piedras del río. / El mar absorberá tu sombra. / No debes cerrar las alas, padre, / otro cuerpo te espera". Con ello el yo verbal puede definir la quietud para escuchar las voces interiores del quinto libro. Son signos invisibles que alientan un proceso de retorno al origen y a la liberación del alma. 
 
Como Ulises escapado de Circe y Calipso, me llevo esta fotografía y me voy a clase con Leopold Bloom, tras tomarme el primer café de la mañana y escuchar esta canción. 
 
Es lo que tienen las sonrisas de las sirenas:
 

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