jueves, 31 de marzo de 2022

"Vivir con pasión en Madrid".

Las pasiones y los sentimientos no conocen fronteras, entre otras cosas porque van ligadas al cuerpo, y este es el punto en común más básico que compartimos los humanos.
 
Todo el mundo me lo dice siempre, es que tú solo sabes vivir la vida con pasión. Lo dijo hace poco en esta red social Cristina Cisneros, mi amiga gallega /leonesa. "Pones tanta pasión a los cuentos, como se la pones a la vida". Lo dicen mucho mis alumnos, al referirse a la intensidad con la que explico la materia de rigor, la misma atención que les pido a ellos. Lo dijo hace poco una de las poetas españolas que más valoro técnicamente, con dos magníficos libros de poemas publicados. "Tu amor de poeta es la pasión que tú mismo tienes por la vida". Los ejemplos son continuos y se repiten desde que era un niño. Recuerdo, ahora, cuando con 7 años me quise ir a la calle de paseo con mi primo Paco (mi gran amigo de la infancia) con casi 40 grados de fiebre y echándome el abrigo sobre el pijama. Mi madre me sorprendió abriendo la puerta y me obligó a volver a la cama, y me dio un beso, claro, me dio muchos besos.
 
Reconozco que me han dado muchos besos en mi vida.
 
Me los han dado de lado, inclinados, directos, bajo presión. Me han dado besos superiores, de broche, palpitantes, de contacto, besos para encender la llama, para distraer, besos nominales. Y besos con las pestañas, con un dedo, con dos dedos, besos que despiertan y demuestran. Besos del recuerdo, transferidos, lacrimosos, viajeros, al pecho y besos sin reloj, muchos besos sin reloj, que son los que más me gustan. 
 
Cómo no iba a vivir la vida con pasión, con lo bien que he besado y me han besado. Y escuchando, además, canciones como esta en la Puerta del Sol de Madrid, por donde tanto me gusta pasear, un lugar universal:
 

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